Día 11. Se levantó, del destilador cayó la última gota. Una claridad infinita le hizo ver las dinámicas desde su concepción; tantas barreras construidas que ahora no estaban más.
Noche 11. Pasados los minutos se detuvo, hoy se había cansado de jugar a la culpa y vergüenza.
Día 12. En el silencio olor a neblina se sentó a escuchar la dulzura de su alma.
Día 9. Volvió a casa lleno de polvo, escurriendo lodo y con un amor desbordante por ella y las experiencias que había vivido a través de él.
Día 10. Eligió soltar los espacios sutiles, casi invisibles, donde ellos se alimentan. Estaba decidida a transformar esos monstruos que se metían debajo de su cama.
Día 3. En su estado físico y mental disminuído (por llamarle de alguna manera), eligío una taza de café con dos cucharadas de simpleza.
Noche 3. Entre sueños comprendió que las elecciones que vienen del alma no son eternas, pues están en constante cambio, ellas se toman en cada respiración, en cada ahora.
Día 4. Despertó con un correo electrónico en su bandeja de entrada que le hizo sentir de nuevo que los potenciales están siempre ahí, listos para ser manifestados en una respiración.
Noche 4. Vació las cajas enmohecidas rotuladas con leyendas de pasado y futuro. Las puso al sol para secar el estrés y frustración.